Todo empezó porque leí en una publicación sobre San Antonino, en relación a la Guelaguetza celebrada ahí, que sería en el «Danny xtë suzén».
Yo sabía que «dani» es cerro, y «suzén» es el préstamo de «azucena». ¿Qué era «xtë»? Angélica me dijo «Ha de ser 'de las'». No creí que fuese tan simple. Pero sí, según me confirma su abuela materna. O sea que sí es el «Cerro de las azucenas».
Y es que el florecimiento de la azucena de monte es un heraldo de las fiestas de julio. Incluso en las inmediaciones de Acatlima han estado brotando. Lo curioso es que la azucena de monte no es una azucena real en tanto que las azucenas o lirios son liliáceas ('azucena', por cierto, es una palabra que llegó al español por medio del árabe), mientras que la Milla biflora es una asparagácea.
Son muy similares las dos familias de flores, sin duda. Lo más llamativo para mí es que yo veo que tienen seis pétalos, y eso me encanta porque demuestra que es falso que las flores tienen un número de Fibonacci de pétalos.
Investigando resulta que las liliáceas tienen dos grupos de tres tépalos, uno anidado en el otro. Pensé "Pero las azucenas de monte no tienen dos grupos anidados", y resulta que no están anidados pero sí al desarrollarse se fusionan. Yo veo todos los tépalos idénticos, pero supuestamente los de un grupo son ligeramente más delgados que los otros.
Para el caso es que los entusiastas de la conspiración fibonachiana afirmarían que $6 = 3 + 3$. Pero el teorema de Zeckendorf dice que cualquier natural se puede escribir como la suma de números de Fibonacci distintos no consecutivos de forma única. En este caso $6 = 5 + 1$, pero por las propiedades aditivas de los números de Fibonacci se puede reducir la de la azucena a la de Zeckendorf, pues $5 = 3 + 2$.
Otros ejemplos que no tienen ese problema de los dos grupos de tépalos son las crucíferas como la draba, que tiene flores de cuatro pétalos. También las margaritas no siempre tienen un número de Fibonacci de rayos que parecen pétalos (porque la «flor» de la margarita no es una sino un chingo de florículas).
¿Saben en dónde sí pueden contar números de Fibonacci? En las piñas del Papaloapan (la piña, por cierto, no es de origen oaxaqueño ni mexicano, sino sudamericano). Ahí es por la filotaxia, que sí tiene que ver con la aproximación racional de un ángulo relacionado con el número áureo.